Primero fue un sueño. Soñé con Gonzalo H. al que hace años que no veo, se lo comenté a J. al levantarme. Y al medio día en la tele del bar sin previo aviso comenzaron a hablar de la narcolepsia. Todos comentaron lo que era eso o lo que no era. Yo no dije nada, pero había soñado con él. Y había pensado en ello. Son esas casualidades enlazadas de las que habla Rosa Montero, que nos dejan KO por un momento.
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